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electric boom
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maría naudón d. | para El
Mercurio, Chile | publicado: 17feb04
Un gran evento por mes. Fiestas todos los fines de semana. Miles de fanáticos. Ésa es la realidad de la música electrónica en Chile, donde una celebración cuesta entre $500 mil y $50 millones.
¿Sabe de qué le están hablando cuando le dicen términos como rave, jungle, trance, drum & bass, deep house y acid? ¿Le suenan melodías tipo tzi, pum, tzi, pum?
Quienes están muy, muy cerca de la cuarentena, y sobre todo los que ya la pasaron, probablemente entiendan poco y nada de esto. Para la generación sub 35 es distinto, ya que ha crecido oyendo música electrónica, asistido a cientos de fiestas y visto a DJ"s de renombre en Chile y el extranjero.
La electrónica hizo su debut en nuestro país hace aproximadamente una década, pero en los últimos dos años ha agarrado más fuerza y conquistado a miles de fanáticos. Gonzalo Valenzuela, webmaster del sitio web especializado raves.cl, cuenta que "la cantidad de fiestas y gente que está asistiendo a los eventos es impresionante e impensable un par de años atrás".
Aunque no hay una fecha oficial, hay consenso en que el primer gran hito fue en 1994, "año de eclipse solar, donde se realizaron dos raves en la Primera Región, con grandes DJ"s como John Aquaviva y Derick May", dice Uri Pimstein, de la productora Electrofactory.
Un factor relevante fue la llegada al país de los hijos de exiliados, "que trajeron la onda electrónica desde Europa, principalmente Alemania, Suecia, Italia e Inglaterra, entre otros", explica Cristián Beroiza, del colectivo Liquid State.
De ahí en adelante, y cada vez con más fuerza, se ha ido generando una industria en torno cuyo principal negocio son las fiestas, que organizan grandes productoras y clubes nocturnos. Otro actor importante son los colectivos (grupos de músicos, artistas visuales, DJ"s, etc.), pero ellos dicen que están más en la búsqueda de espacio para su música que en el negocio.
Aunque la electrónica criolla es más o menos reciente, hay eventos que han dejado huella. Por asistencia, Valenzuela destaca el último Open Rave, con 25 mil personas en la Plaza de la Constitución (fue gratuito); por producción, la fiesta con Paul Oakenfold en Espacio Riesco; por mística, Earthdance, que son tres días de encuentro en Isla de Maipo y se hace desde 1998, y como hitos, la fiesta del eclipse en Putre y las de la ballenera de Quintay.
Otro suceso fue el recién pasado festival Mutek-synthtic city, en Valparaíso, que demoró nueves meses en organizarse y costó unos 30 millones de pesos, sin contar el sueldo para la producción.
Pero no sólo fiestas, también hay disquerías especializadas, tiendas de ropa y páginas web que nutren a los fanáticos. Inluso hay una DJ School que funciona desde 1999, ya ha realizado 7 cursos y graduado unos 140 DJ"s.
Escenarios y costos
Imagínese un espacio enorme, con pantallas gigantes, iluminación especializada, donde más de 3.000 personas, muchas de ellas "híper producidas", saltan y bailan, mirando fija y casi hipnóticamente al DJ, felices. Un salón vip por donde desfilan algunas figuras de la farándula, mujeres de esas que sólo se ven en revistas, mucho anteojo, escotes, bronceado.
Más saltos, más baile y bebidas energéticas que ayudan a que la concurrencia aguante el ritmo desde las 12 de la noche hasta cerca de las 6 de la mañana. Aunque los consultados lo niegan, varias veces se las asocia también a drogas.
Más o menos así son los grandes eventos electrónicos que se hacen en Chile, generalmente organizados por productoras como Streetmachine y Electrofactory, entre otras. Cada una produce una de estas grandes fiestas al mes, y muchas veces traen a DJ extranjeros, entre los que han venido destacan Paul Oakenfold, Tiesto y Sasha. También combinan con exponentes nacionales, como Tony Mass, Bass Romero, Chica Paula, DJ Dinky, Luciano Nicolet y Villalobos.
Los precios no son bajos. En preventa, que es más barato, los valores fluctúan entre los $8 mil y los $10 mil y si se compran al ingresar, se puede pagar unos $15 mil. También hay entradas VIP, que son aún más caras.
Aunque según dicen Uri Pimstein y Paul Morrison, de Streetmachine, nuestros eventos no tienen nada que enviadiarles a los del extranjero, lo cierto es que afuera hay más poder adquisitivo, lo que facilita el negocio. Morrison cuenta que oír a Deep Dish en Miami cuesta unos US$ 60 (más o menos $34 mil), pero que en Chile hay que cobrar a lo sumo $15 mil, o sea, la mitad.
Otra diferencia con el extranjero es el número de asistentes. Un clásico es el Love Parade de Berlín, donde millones de personas se dan cita para un encuentro electrónico, en el que la gente se disfraza y hay incluso carros alegóricos. Además, cuenta Beroiza, a las fiestas de los mejores clubs europeos van 100 mil personas.
Pero no sólo grandes eventos ofrece la cartelera electrónica criolla. Fiestas hay prácticamente de jueves a domingo, aunque claro, no todas tienen tanto glamour. En clubes y discoteques como La Feria, Pecado Capital, Sala Murano, Blondie y otros, se puede bailar y ver a DJ"s por entre $3 mil y $5 mil, en promedio.
Como explica DJ clear, hay que notar la diferencia entre fiestas, que duran la noche, y festivales, que duran días, incluso con distintos escenarios y estilos.
Una fiesta electrónica puede costar desde $500 mil hasta $50 millones, estima Paul Morrison, y agrega que los grandes eventos necesitan de mucho público para ser rentables, lo que es difícil por el poder adquisitivo de los jóvenes.
¿Cuáles son los costos involucrados? Un DJ extranjero puede cobrar entre US$ 7 mil y hasta US$40 mil, y uno chileno pide entre $40 mil y $200 mil, en promedio. Además, a los extranjeros hay que atenderlos como corresponde: viajes en primera y hoteles cinco estrellas.
La promoción del evento fluctúa entre $200 mil y $3 millones, dependiendo del número y la calidad de los flyers, cantidad de carteles, avisos en la prensa.
A eso hay que sumarle los sistemas de amplificación y luces (desde $200 mil a $6 millones, dependiendo del tamaño y calidad de la fiesta), los apoyos visuales (para un evento grande pueden costar $2 millones) y el arriendo de local (el Espacio Riesco cobra $10 millones por noche, también se usa el helipuerto San Francisco, Teatro Teletón, algunos en Valparaíso, etc.).
Y la cosa no se queda ahí. Después del cierre están los llamados "after hours", que nacieron en España y Holanda. Lo que se busca es bailar música electrónica en un horario poco habitual.
El negocio
¿Es rentable ser empresario de fiestas electrónicas? Según cuenta Uri Pimstein, de la productora Electrofactory, lo que más se ha llegado a ganar produciendo grandes eventos es $10 millones, lo que no está nada de mal. Otros dicen que una ganancia fluctúa entre los 4 y 5 millones de pesos.
Paul Morrison asegura que no es fácil, porque el desafío no es que a la productora le vaya bien en una fiesta, sino mantenerse en el tiempo. "Puede irte bien en 11 fiestas, pero si en la doce fracasas, puedes perder más de lo ganado", afirma.
La publicidad y la planificación son cruciales. "Si llegan las personas esperadas, o más, puedes doblar lo que invertiste, si no, puede pasar todo lo contrario", cuenta Cristián Beroiza, del colectivo Liquid State.
Para los clubes y discoteques el asunto parece estar funcionando. Por algo, dicen en el medio, se han ido especializando en la electrónica y están ofreciendo tantas alternativas. Lugares que antes hacían fiestas "pachangas" hoy están en la senda de los DJ"s, porque vende.
Y como vende, está ganando auspiciadores, aunque los que están tras el negocio dicen que "nunca es suficiente". Beroiza cuenta que al principio ellos mismos tenían que pagar los costos de los eventos que hacían, pero que "ahora que se está masificando, las empresas están más abiertas a invertir en publicidad".
Entre las marcas que él destaca como promotoras de eventos electrónicos están Nescafé, Telefónica, Sony, Entel, Pepsi, Portal Terra, también participan Ballantines, Bacardi y las bebidas energizantes como TXC y Battery.
Si quiere conocer el mundo electrónico, el verano puede ser una buena oportunidad, se hacen muchos eventos en el país. Averigüe en su lugar de descanso e incluso en Santiago; quién sabe, a lo mejor en marzo ya es parte del listado de fanáticos.
¿Cultura electrónica o esnobismo?
Como la música electrónica está de moda, no sólo los entendidos y amantes de ese estilo musical invierten su tiempo y ahorros en ir a fiestas y eventos. Más de alguno se ha sumado a la masa, sin entender muy bien de qué se trata el asunto.
Gonzalo Valenzuela, webmaster de raves.cl, cuenta que muchos que no tienen ni la más mínima idea de lo que estan bailando o escuchando. "Soy testigo de que preguntando en una fiesta si le gusta lo que está tocando en este momento DJ X (mientras toca DJ Y) varios dicen que es lo máximo y que ¡le gustaba toda su discografía!".
Otra anécdota: como las fiestas electrónicas eran originalmente al aire libre, muchos de los participantes llevaban anteojos para el amanecer. Pero, claro, algunos no entienden bien ese mensaje, "y se ponen lentes oscuros cuando están encerrados en un local con iluminación", se ríe un DJ.
Estos roces entre entendidos y no entendidos también se dan a nivel comercial. Hay quienes alegan que algunas productoras están comercializando en exceso el estilo electrónico.
Además, cuenta Pol Taylor, que produjo el festival Mutek-synthtic city, en Valparaíso, "hay roces porque se pelean los mismos auspiciadores". A veces, incluso, en una fiesta no dejan pasar flyers de otro evento, lo que estima "es una mentalidad no abierta ni sana".
Fotos tomadas de Rave.cl
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