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LSD Historia ácida, parte 2
Autor: Shö Reproducido por cortesía de ProyectoGDL
LA ACIDEZ TERAPEUTICA El LSD (dietilamida del ácido lisérico) es una de las principales drogas en el orden de alucinógenos, ya que es una de las sustancias químicas más potentes en la alteración de los estados ánimo. Corrientemente conocido como "ácido", esta droga se vende en tabletas, cápsulas y, a veces, en líquido. Es inodoro, incoloro y su sabor se vincula más con el amargo. Continuamente el LSD se agrega a papel absorbente y se divide en pequeños cuadros decorados, cada uno constituye una toma. Holanda, actualmente, es el mayor productor de LSD, en cuyos laboratorios clandestinos se fabrica la droga, para de allí distribuirse por todo el mundo en un formato original: un pequeño cartón secante de 5mm. El LSD, en sus primeras etapas, fue utilizada por científicos y psiquiatras para sus experimentos con enfermos esquizofrénicos, pero en los 50, era droga pasó al dominio público rápidamente. Tres fueron las razones para este boom: su alta actividad, la facilidad de su producción y la sencillez de disimular este liquido incoloro en terrones de azúcar, agua, papel secante, entre otras cosas. La dosis necesaria para obtener síntomas considerables en el hombre es la de un micro gramo por Kg de peso. Por lo general el consumidor siente los primeros efectos de la droga de los 30 a 90 minutos después de haberla ingerido; las secuelas de la droga llegan a disiparse hasta cinco horas después de su ingestión y disminuye paulatinamente en las próximas ocho horas. EL VIAJE DEL ACIDO Como todos los alucinógenos, el LSD tiene proyecciones físicas, como la dilatación de pupilas, respiración lenta, taquicardias o palpitaciones tardías, hipo, sensaciones que oscilan entre el calor y el frió, hipertensión, lagrimeo, presión en la cabeza y en el abdomen, chiken spots ( piel de gallina), resequedad bucal, y algunas veces nauseas y vómito. Estos signos se presentan la mayoría de las veces antes de la aparición de los síntomas psíquicos propiamente dichos. Entre las ofuscaciones destacan, las ópticas, que se influencian por las emocionabilidad. Estas alucinaciones van desde los simple (llamaradas, torbellinos, resplandores, etc.) hasta la visión del mundo exterior con variados y multicolores contornos, elementos llanos flotando y composiciones vistosas de naturaleza caleidoscópica. Además de estas alucinaciones también aparecer animales, personas, seres de fábula, extremadamente parecidos a los que viven en el "Mundo de los sueños". La vista es el sentido que más se agudiza al LSD, por lo que los revelaciones acústicas pasan a un segundo plano, y los puntos sensoriales del cuerpo se dividen en dos experiencias: las sensibilidad divertida y trastornada; y las sensaciones de angustia y estremecedoras. Mientras los cambios físicos toman efecto, los sentimientos también permutan, dando pie a que la persona con LSD dentro de su sistema sienta más de una emoción a la vez, o que cambie de un estado a otro drásticamente. Cuando el LSD se desplaza por el cuerpo y por la mente el "usuario" pierde cualquier noción de tiempo y espacio, y por lo general unos cuantos minutos se vuelven la versión subjetiva de largos ciclos. UN TRANCE PARA EL BRÍO MENTAL Las derivaciones de esta droga son imprescindibles, ya que dependen de factores tan obvios como la cantidad de LSD ingerido y el medio ambiente, hasta el estado de ánimo y los intereses del consumidor. El LSD, como el resto de las sustancias alucinógenas, afecta el "psiquis" y castiga al sistema nervioso autónomo, por lo que las pupilas dilatadas hacen su aparición, además de que la frecuencia cardiaca y la presión sistólica y distólica de la sangre se elevan. Los efectos sucesivos del LSD en el cuerpo se reflejan en los flashbacks, los cuales son un salto atrás en experiencias alucinógenas sin haber ingerido la droga otra vez. Estos "flashazos" o "rebotes" ocurren sin previo aviso y tampoco tienen una fecha limite para manifestarse. Estos brincos a los estados alterados son más propicios entre la gente que ha usado el LSD de manera crónica y dependen también de su personalidad y sus estados de ánimo. Los consumidores del LSD pueden presentar "desequilibrios" emocionales por tiempos relativamente prolongados: depresión o esquizofrenia. Estudios con enfermos de estas psicosis no han revelado revelación alguna que ligue al LSD con estos males. El LSD por lo general no se consume sólo, se hace acompañar por marihuana, cocaína, anfetaminas y otras sustancias, por lo que las intoxicaciones son viables. Los consumidores de LSD no se "casan" con este alucinógeno, por lo que lo abandonan voluntariamente. Esta sustancia no es considerada como droga adictiva, ya que no causa un comportamiento compulsivo a la búsqueda de droga, como sucede con la cocaína, la heroína, el alcohol y la nicotina. Sin embargo, el LSD produce tolerancia, de manera que algunos consumidores constantes requieren dosis elevadas para lograr estados de intoxicación aceptables. Esta tolerancia resulta peligrosa ya que dada la naturaleza de la droga sus efectos llegan a ser un tanto imprescindibles.
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